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"Sólo hacen falta dos cosas para escribir: tener algo que decir, y decirlo." Oscar Wilde

jueves, 16 de marzo de 2017

Inventos que cambian la historia

En la lista de mejores inventos de la Humanidad, seguramente no aparecerá la aguja de coser, a pesar de que su invención fue crucial para nuestra supervivencia como especie.


Sí, quizá el fuego esté catalogado como el mejor invento de la historia, a pesar de que el fuego en realidad no fue inventado, sino descubierto. Internet es quizá la segunda maravilla creada por el ingenio humano, un invento que nos ha permitido estar intercomunicados y tener al alcance de nuestra mano toda la información del mundo. Pero hay un invento humilde, apenas insignificante, un detalle que cambió la historia y permitió que sobreviviésemos; ese invento es la aguja de coser.

Aguja de coser

Hubo varios momentos en nuestra historia en los que estuvimos al borde de la extinción, cuando un largo e inesperado invierno se abalanzó sobre nosotros hace miles de años. Nuestra especie era joven y el mundo cálido. Teníamos problemas por aquel entonces, muchos problemas seguramente, pero el frío no era uno de ellos; hasta que llegó el frío… Mucho frío.

No se sabe a ciencia cierta si la era glacial llegó de golpe, de forma progresiva o si un cataclismo, como el de la teoría de Toba, nos golpearon sin piedad. Se creé que en la antigüedad, el estallido del volcán de Toba impregnó el cielo de tanta ceniza que durante varios años las temperaturas descendieron bastantes grados y se pusieron las cosas feas de verdad, hasta el punto de que nuestra especie pasó por un cuello de botella en el que casi nos extinguimos y apenas diez mil supervivientes en todo el mundo resistieron… Ayudados, se cree, por la aguja de coser. Esta teoría está apoyada por el ADN mitocondrial, y por la teoría de la Eva mitocondrial, que sería la madre de todos los humanos modernos y todos descendemos de ese pequeño grupo de supervivientes; ese grupo de valientes que resistieron las duras inclemencias del tiempo. Ellos sobrevivieron, y nosotros hoy en día vivimos gracias a ellos… Y gracias también a ese pequeño detalle llamado aguja de coser.

La historia no guardó los nombres de nuestros antepasados; no guardó la imagen de sus rostros ni de las proezas de sus vidas; no guardó detalle alguno salvo su impronta genética en nosotros y el testimonio de su vida a través de la nuestra. Pero la historia sí que guardó el nombre y la forma de la aguja de coser, que hoy en día seguimos usando y que apenas ha cambiado en milenios. Antes las agujas de coser eran de hueso o de madera y hoy son de metal, pero siguen siendo prácticamente idénticas.

¿Cómo nos ayudó la aguja de coser? Pues nos ayudó a confeccionar nuestras primeras prendas de vestir, no para cubrir nuestras vergüenzas ni para estar más guapos ni a la moda, nos ayudo a protegernos del frío. ¿A quién se le ocurrió el invento? ¿Qué mente ideó el hacer un pequeño orificio en una fibra afilada de hueso, para después unir pieles de animales usando tendones a modo de hilo? La historia no guarda su nombre, pero sí los frutos de su ingenio: nosotros.

Primeras ropas de la historia

Por tal motivo, hay inventos, hay proezas, hay gestos, hay palabras e incluso pensamientos, hay detalles, que aun pareciendo insignificantes, cambian y salvan el mundo. Creemos que hay que hacer algo grande para que se note, para que el mundo y la historia lo recojan; creemos que solo lo grande hace efecto y eco en el devenir de la Humanidad; creemos que lo notorio ha de salir en los libros de historia, mas a veces lo pequeño, lo insignificante, lo aparentemente trivial, lo mundano, lo cercano, lo invisible, basta como detalle para cambiar el mundo, o por lo menos para hacerlo un poco mejor.

Cada uno de nosotros cuenta, cada uno de nosotros vale… Cada uno de nuestros gestos, de nuestras palabras, de nuestras creaciones, de nuestros hijos… Cada uno de nuestros detalles cuenta. Como dirían los religiosos, cada uno de los hombres tiene su propósito definido en el plan de Dios.

Por todo ello, no estés triste, regocíjate, sigue creando y actuando a tu manera en este mundo. Sé humilde como la aguja de coser, y con tus actos, a modo de puntada en esta piel llamada Historia y con este hilo llamado Humanidad, sigue adelante.

Aimar Rollán