Cada acción, por pequeña que pueda parecer, tiene sus consecuencias en el universo, y a modo de semilla potencial, florece algún día.
Todo lo que hacemos y decimos, incluso todo lo que pensamos según dicen algunos, regresa a nosotros de un modo u otro.
Con cada acción plantamos una semilla, que bien plantada y bien regada, suele dar un buen fruto. Hay semillas que incluso mal plantadas y mal regadas dan buen fruto igualmente, tal es la magnanimidad de la semilla (vida en potencia).
A veces desesperamos porque creemos que nuestros esfuerzos son en vano y caen en pozo vacío; creemos que nuestra acción no hace eco, no llega, no cala, no germina, no florece... Pero eso solo el tiempo y la providencia pueden testificarlo, pues el proposito de la semilla es germinar.
Hay semillas que germinan a los pocos días de ser plantadas; hay semillas empero, como el bambú, que tardan años en asomar sobre la superficie de la tierra.
