Se abrió la puerta del ascensor y nuestras miradas se cruzaron durante unas breves fracciones de segundo. Ella salía, yo entraba. El profundo color azul de sus ojos me impactó. El habitáculo del ascensor aún guardaba el aroma de su presencia: un olor almizclado. No podía dejar de hacerme preguntas sobre ella; era evidente que me había cautivado en aquel breve encuentro. Morena, delgada, de ojos azules y con aroma almizclado; nada más pude saber de ella, ni nada más podría haber sabido, debido a la brevedad de nuestro encuentro.
¿De dónde sería? ¿Tendría pareja? ¿A qué se dedicaría? ¿Qué alegrías enaltecerían su corazón, así como qué temores la asolarían en sus horas oscuras? No pude hacerme ninguna pregunta más, ya que la puerta del ascensor se abrió nuevamente. Había llegado a mi destino: la tercera planta del Hotel Royal Plaza, situado en un lugar céntrico de Ibiza. Mientras abría la puerta de mi habitación, una sonrisa se dibujó en mi cara, pues acababa de advertir, en mi memoria, que la chica había salido del ascensor sin maletas... Aquello me daba la posibilidad de volverla a ver.
¿De dónde sería? ¿Tendría pareja? ¿A qué se dedicaría? ¿Qué alegrías enaltecerían su corazón, así como qué temores la asolarían en sus horas oscuras? No pude hacerme ninguna pregunta más, ya que la puerta del ascensor se abrió nuevamente. Había llegado a mi destino: la tercera planta del Hotel Royal Plaza, situado en un lugar céntrico de Ibiza. Mientras abría la puerta de mi habitación, una sonrisa se dibujó en mi cara, pues acababa de advertir, en mi memoria, que la chica había salido del ascensor sin maletas... Aquello me daba la posibilidad de volverla a ver.
