"Sólo hacen falta dos cosas para escribir: tener algo que decir, y decirlo." Oscar Wilde
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domingo, 22 de febrero de 2015

Iniciación en Montesinos

Como cada dos lunaciones, salió de su guarida, situada en lo que fuera el edificio 317 de ROBOTIC SOLUTIONS S.COOP., para explorar los límites de la Mancha y mientras tanto, como decía él, ver si podía «desfacer algún tuerto» o rescatar alguna damisela en apuros. Su fiel seguidor Sancho, un robot destartalado de la serie 201 GL, recuperado milagrosamente de unos escombros, lo siguió, como de costumbre, a su par, impulsado por la tracción de sus orugas mecánicas.

Iniciación en Montesinos

    La Mancha, como se la conocía vulgarmente, era la única región del planeta que se hallaba libre de radiación. No se sabía por qué razón, pero aquel territorio de 79463 Km² en forma de corazón magullado, era el único espacio habitable que había resistido los feroces embates de la última guerra nuclear, acaecida treinta años atrás.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La mirada del artista

La ciudad estaba medio desierta. Sólo algunas tímidas palomas se atrevían a hacer compañía a las solitarias calles de Tordesillas en aquella hora matutina. Como cada mañana, Pedro Galván salía temprano de casa para dirigirse a su pequeño taller situado a orillas del río Duero. En su mano llevaba un maletín con pinturas nuevas que había adquirido la tarde anterior en el bazar de la vieja plaza. El hombre que se las había vendido, un mercader entrado en años, le había asegurado que eran de primera calidad, traídas nada menos que de la ilustre Florencia.
 
La mirada del artista
Imagen obtenida de: https://geografiamungia.wordpress.com/2009/12/
 Pedro, que ya contaba con cuarenta años de edad, y a pesar de llevar casi toda su vida dedicado a la pintura, no era especialmente reconocido entre los grandes artistas de la zona. No había hecho grandes trabajos excepto retratos a algún que otro duque de poco renombre. Su obra se basaba principalmente en paisajes de la bella Castilla.

domingo, 1 de febrero de 2015

Los dioses custodios (segunda parte)

*Aquí está la primera parte, por si no la has leido.

Kanshidú, decidido, fue al puente de mando de la enorme nave espacial, que a su vez hacía de base terrestre, y convocó a su tripulación, que con él en total eran trece.

Los dioses custodios, segunda parte

—He recibido órdenes del Consejo —comenzó diciendo—. La guerra con los urkunts ha empeorado drásticamente, hasta el punto de verse amenazado nuestro planeta madre. Nos han encomendado la misión de modificar genéticamente a los mesh para que nos ayuden en un futuro en nuestra lucha. El capitán Enmen se encargará de la extracción del oro del planeta mientras nosotros realizamos nuestra labor. Tenemos ocho meses para llevar a cabo esta misión. ¡Ah! Una cosa más, e importante además   —concluyó—: hemos recibido informes de que naves de reconocimiento enemigas merodean por este sector, por lo tanto a partir de este mismo instante pondremos la nave en modo de invisibilidad total y suspenderemos todas las comunicaciones, incluso con el capitán Enmen y su tripulación. No me hace falta advertir de las nefastas consecuencias que recaerán sobre aquel que incumpla este mandato, y ponga en peligro la misión. A partir de ahora estamos aislados del resto de la galaxia; difícil tarea nos encomiendan, pero confío en vosotros, amigos.

jueves, 29 de enero de 2015

Los dioses custodios (primera parte)

—¿Se sabe algo de la decisión del Consejo? —preguntó Kanshidú en un tono que denotaba hastío.

—Aún no —respondió Enmen calmadamente—. Te noto muy tenso últimamente, te convendría no involucrarte tanto con este asunto; llevamos cuatro siglos en este planeta, y tres planteándonos la posibilidad de manipular genéticamente a los mesh; pero ya sabes que la decisión no es sencilla, ni nos corresponde a nosotros tomarla.
 
Los dioses custodios

—Lo sé, pero veo tantas ganancias en ello, que los beneficios superan con creces cualquier cuestión moral. Esta raza está perdida sin nuestra ayuda; necesitarían millones de años de evolución natural para llegar a donde nosotros podríamos conducirla en unas pocas generaciones. Además, en este planeta tan rico en recursos, es un imperativo para nosotros disponer de mano de obra abundante y fácilmente manipulable.

domingo, 18 de enero de 2015

La habitación 408

    Se abrió la puerta del ascensor y nuestras miradas se cruzaron durante unas breves fracciones de segundo. Ella salía, yo entraba. El profundo color azul de sus ojos me impactó. El habitáculo del ascensor aún guardaba el aroma de su presencia: un olor almizclado. No podía dejar de hacerme preguntas sobre ella; era evidente que me había cautivado en aquel breve encuentro. Morena, delgada, de ojos azules y con aroma almizclado; nada más pude saber de ella, ni nada más podría haber sabido, debido a la brevedad de nuestro encuentro.

Serendipity


    ¿De dónde sería? ¿Tendría pareja? ¿A qué se dedicaría? ¿Qué alegrías enaltecerían su corazón, así como qué temores la asolarían en sus horas oscuras? No pude hacerme ninguna pregunta más, ya que la puerta del ascensor se abrió nuevamente. Había llegado a mi destino: la tercera planta del Hotel Royal Plaza, situado en un lugar céntrico de Ibiza. Mientras abría la puerta de mi habitación, una sonrisa se dibujó en mi cara, pues acababa de advertir, en mi memoria, que la chica había salido del ascensor sin maletas... Aquello me daba la posibilidad de volverla a ver.

domingo, 11 de enero de 2015

El conejo blanco

La vida está llena de decisiones; algunas más vitales que otras. Ahora, a posteriori, puedo ver como algunas de las elecciones que tomé en su momento, me han llevado donde estoy y a ser lo que soy.

Aún recuerdo aquella mañana del mes de diciembre. Paseaba por La Rambla de Barcelona y me paré en uno de los típicos puestos de animales. En una jaula grande había una veintena de conejos enanos, todos blancos; me hicieron mucha gracia.

—¿Cuánto vale un conejo de éstos? —le pregunté al tendero casi sin pensarlo.

—Doce euros. Si no tienes jaula te la puedo vender también por dieciocho euros con todos los accesorios: bebedero, comida, hierba y serrín.

—Venga… ¿Por qué no? Dame uno —dije con una decisión insólita. Lo cierto es que cuando salí de casa no había planeado comprar ningún conejo ni nada parecido, pero, ¿quién puede prever los designios de la vida?

—Elige uno, el que más te guste.